Revolución industrial:
Como consecuencia de la Revolución Industrial Europa pasa de ser un mundo rural a ser un mundo industrial urbano; los europeos pasan del taller artesano a la fábrica, del trabajo manual a la mecanización.
Se produce entonces una profunda transformación de la economía, y de los sistemas de trabajo.
Entre los años 1700 y 1800, la población europea pasó de unos 115 a unos 190 millones de habitantes. Comparando este crecimiento con el de los siglos anteriores se aprecia que se estaba produciendo un cambio radical en la demografía.
El desarrollo de las matemáticas y de las ciencias físico-naturales permitió, tras el trabajo de laboratorio, su aplicación a principios prácticos, o sea a la técnica, que es la ciencia aplicada a la economía.
Gracias a ello se crearon numerosos tipos de máquinas, que se convirtieron en el instrumento básico del desarrollo de la Revolución Industrial. De esas máquinas, una de las primeras y más importante fue la máquina de vapor.
La máquina de vapor fue la aplicación de una serie de estudios sobre la presión atmosférica. Promediando el siglo XVIII ya se sabía que un émbolo colocado dentro de un cilindro se mueve si en uno de los extremos del cilindro se ha practicado el vacío. James Watt, considerado el inventor de la máquina de vapor, conocía estas experiencias y se planteó y supo resolver las dificultades prácticas, lo que le permitió patentar su invento hacia 1765. Watt había conseguido una máquina cuyo funcionamiento es sencillo: El vapor producido por el calentamiento del agua sube por un cilindro, La expansión del vapor acciona un pistón, que pone en movimiento una biela que hace girar la rueda.
Este crecimiento demográfico fue muy importante para la Revolución Industrial, porque significaba mano de obra abundante para la industria y un mayor consumo de toda clase de productos.
La gran transformación demográfica de esta época de debe fundamentalmente, a un descenso continuado y progresivo de la mortalidad.
En Europa, en el siglo XVIII la mortalidad pasa de un 38-40 por mil, a principios de siglo, a un 25 por mil a finales. Esta tendencia se mantiene a lo largo del siglo del siglo XIX, de manera que hacia 1900 la tasa de mortalidad europea había descendido por debajo del 20 por mil.
Este descenso continuado de la mortalidad se advierte sobre todo en las tasas de mortalidad infantil, aunque el dato que llama más la atención es la desaparición de las terribles epidemias que, en los siglos anteriores, asolaban a la población europea.
Sin embargo para que la población aumente es preciso, además, que la natalidad se mantenga elevada. Y, efectivamente, a lo largo del siglo XVIII la natalidad de los países europeos se mantienen entre un 36 y un 40 por mil.
El crecimiento de la población se suele relacionar con la mejora de la alimentación y, por lo tanto, con el aumento de la producción agrícola. Esta circunstancia se produjo en primer lugar en Inglaterra, donde se llevó a cabo, desde mediados del siglo XVIII, una transformación de los sistemas de cultivo de la tierra. Tan importante es el cambio que recibe el nombre de revolución agrícola.
Revolución francesa:
La Revolución Francesa fue consecuencia de una serie de hechos que actuaron conjuntamente, entre ellos hay que considerar, las transformaciones demográficas, la estructura económica del país y la influencia de las ideas ilustradas.
En la estructura social, la mayoría de los ciudadanos no poseían privilegios jurídicos.
La burguesía dirigía y controlaba las finanzas, el comercio y la industria, pero la aristocracia se mantenía a la cabeza de la jerarquía social.
El feudalismo con sus prerrogativas frenaba la expansión de la burguesía y el avance del capitalismo.
La burguesía con ideas ilustradas cuestionaba el orden institucional, considerando que la situación era insostenible, reclamaba libertad política y económica, de empresa y comercio.
Algunas de las consecuencias de la revolución francesa fueron la mayoría de las persona que vivían en Francia se quedaron pobres también habían una cantidad muy cara de impuestos para mucha de la gente pobre también había mucha injusticia
La toma de la bastilla:
La Toma de la Bastilla se produjo en París el martes 14 de julio de 1789. A pesar de que la fortaleza medieval conocida como la Bastilla sólo custodiaba a siete prisioneros, su caída en manos de los revolucionarios parisinos supuso simbólicamente el fin del Antiguo Régimen y el punto inicial de la Revolución francesa. La rendición de la prisión, símbolo del despotismo de la monarquía francesa, provocó un auténtico seísmo social tanto en Francia como en el resto de Europa,
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